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La Experiencia Cinéfila
lunes, 1 de junio de 2026
Análisis de Backrooms
Ni idea de qué The Backroom
es parte de los famosos relatos de horror recopilados y compartidos a través
del internet. Definidas como Creepypastas hasta que por el año 2021, un joven llamado
Kane Parsons se dio a la tarea de adaptarlas en una serie de videos que se
volvieron virales en Youtube gracias al uso de herramientas digitales como
Blender.
Tres años después y se convierte
en el director más joven a los 20 años en hacerse cargo de una película
original que desbancó a Star Wars con un fin de semana de $ 120 millones a
nivel mundial. Esto sí que es historia y de la buena, mis respetos para el
estudio A24 que se arriesgó al financiar su adaptación con tan sólo $ 10
millones.
Agregando a Obsesión en el
mix, entonces nos encontramos en una era similar a los ochenta en donde los
estudios comenzaran a apostar por producciones originales, arriesgadas y que no
dependan de secuelas comerciales o franquicias de alta calibre. Por decir que
ni siquiera Marvel o DC Comics la tienen tan segura con sus mega-producciones
que superan los $ 250 millones de presupuesto.
Si no hubiese sido por mi repentino
interés en Backrooms, hubiera ido a ver por tercera vez la de Mandalorian
& Grogu. De un día para otro me sentí intrigado por su debut de $ 40
millones en los Estados Unidos. Hasta se asegura una taquilla final en los $
200 millones y hasta $ 400 millones a nivel mundial. Ahora, sí que todo es
posible y me da gusto que esto sacuda a Hollywood para bien.
En cuanto a la narrativa en Backrooms,
confieso que no será la mejor que haya visto, pero su desarrollo de personajes
me fascina por lo profundamente sugestiva que llega a ser y sentirse por lo
bien que Robert Patino y Will Soodik adaptaron los relatos de Parsons. Quién
como este joven para hacerse cargo de la dirección, que fácilmente su
cinematografía es digna de obtener futuras nominaciones, eso y la edición de
sonido, la banda sonora y el montaje.
Y es que cada uno de sus aspectos
técnicos logra el acometido de ponerte los pelos de puntos, desde que inicia,
se te hace un nudo en el estomago y cuesta respirar o siquiera concentrarse por
lo mal que uno la pasa. Al igual que los protagonistas, sólo quieres meterte de
lleno a los laberintos y explorar este mundo sin fin.
Aun así, me temo que no llegas a
comprenderlo del todo y no creo que haya sido el punto; de qué te pone a
pensar, lo hace de un modo que quizás podría detonar crisis como apagarlas, si
se decide hacerse una retrospección, o al menos así es como yo lo veo en mi
humilde punto de vista. Lo menciono al haberme despejado la mente lo cual es
inusual tratándose de un horror, literalmente hablando.
Haberla ambientado en el año de
1990, le da un toque serio que tanto necesitaba por inutilizar la tecnología.
Es más misterioso y personal no contar con laptop y celulares; en parte
nostálgico por recordarme a esa época que en raras ocasiones extraño por que la
imaginación, creatividad y la comunicación “prosperaban” al nosotros tener que
depender de nuestras mentes, manos y contacto tanto visual como físico.
Por decir que disfruté las
sesiones psicológicas, en especial el acto de actuación que tenemos al inicio
como al final, concuerdo en que la selección de Chiwetel Ejiofor y Renate
Reinsve resultaron, en una palabra, perfectos. Serios o tensos, su expresión
corporal es contagiosa en los escenarios de puro horror o cuando se enfrentan
en dilemas existenciales con tal de darse duro en la cabeza.
Sin importar que sus apariciones
hayan sido breves, cada uno de los actores secundarios como Mark Duplass, Finn
Bennet y Lukita Maxwell nos hacen importarnos por ellos y no se diga de Robert
Bobroczky a quienes recordaran por su macabra presencia en Alien: Romulus.
Aquí Robert entrega otra actuación inolvidable que seguramente será las
pesadillas de algunos niños que estuvieron en la sala.
Desconozco la clasificación, pero
yo no me atrevería a llevar a un niño a esta función, ni loco viendo como el
suspenso se te mete a la cabeza, te la sacude de una forma que la ansiedad te
carcome por dentro porque hasta lo sentí en el estomago y en parte porque la
música del propio Parsons como de Edo van Breemen saben tocar esos puntos
delicados en tu ser hasta el grado que una vez que empiecen los créditos, no
sabes ni por donde te llegó.
Por más que me duela admitirlo,
la encontré satisfactoria y me siento con la necesidad de verla explorarse en
una secuela. Siempre y cuando sea una historia estructurada, con un principio
hasta su fin. No quisiera que se volviera en un cuento de nunca acabar como las
de Juego Macabro, Scream o Destino Final. No obstante, ese soy yo
hablando, obviamente el estudio va a ser lo que tiene que hacer y con Parsons
abordo, no debería haber problema alguno.
En conclusión, este es un horror
sadomasoquista porque disfruté de esta infinita agonía y tortura psicológica, y
fue desde su sublime inicio con las tomas caseras hasta ir viendo como los
protagonistas se desenvuelvían dentro de este inframundo de encuadres
extraordinarios por relevos. Cada pieza, arte y objeto está porque tiene que
estarlo, y lo bello de ello es que se siente orgánico y espontaneo.
En palabras más simples, es como si estuvieses jugando un videojuego por la primera vez, al no tener la menor idea de en donde estás y de lo que se tiene que hacer para pasar al siguiente nivel a sabiendas que conforme bajes o subas, los obstáculos como el enemigo se van a poner peor. Es así como defino Backrooms, una propuesta que te atraviesa gracias al espíritu de la creatividad de Kane Parsons y a la confianza que le tuvieron los productores Shawn Levy y James Wan para volver este sueño en una realidad de la que no dejaremos de hablar por lo menos este verano.
Análisis de The Mandalorian & Grogu.
7 años tuvieron que pasar y la
espera valió la pena, aunque el tiempo no parezca haber sido el adecuado porque
Star Wars sigue sin recibir cálidas bienvenidas y ni siquiera tras respaldarse
en los influencers, lo cual sigo insistiendo en que los estudios deberían
invertir más en sus producciones, en darles rienda suelta a los directores y
dejar que su trabajo artístico hable por sí solo. Difícil de creer, pero no
necesitamos de intermediarios para persuadirnos
Como lo han mencionado en el
pasado, Ryan Gosling, Steven Spielberg, George Lucas y Ridley Scott sobre la
importancia de arriesgarse como lo hacían en los ochenta para atraer al público
a los cines en víspera de que después de la pandemia, son pocas las producciones
que logran apenas rozarle a la Taquilla. Ahora, la propuesta que nos ofrece Jon
Favreau y Dave Filoni con El Mandaloriano & Grogu, no será perfecta
ni la adecuada, pero por donde quieran verlo, es un triunfo para los seguidores
que hemos estado viendo a este dúo desde su debut a finales de 2019.
En vez de tener que esperar
semana tras semana para completarse una temporada en 8 episodios, tuvimos por
así decirlo la Cuarta Temporada en un bloque de 132 minutos, sin relleno y lo
mejor de todo filmada en IMAX e incluso 3D. Es lo que me causa cierta risa, en
donde no sólo son los fans tóxicos sino ahora la prensa resulta igual de tóxica
al calificar una película con la trilogía secuela cuando el panorama es muy
distinto de la realidad.
Más que una fiebre, Star Wars es mi
pasión y un gusto de por vida que me dejó marcado desde que vi las ediciones
especiales en 1997. Entonces, era de esperarse que la promesa de una aventura
entre un padre y su hijo desenvuelta en narrativa de menor escala, inafectable para
el universo galáctico como en las tres trilogías pasadas, iba a resultar en una
taquilla ligeramente similar a Solo.
Siendo la gran diferencia, mucho
ojo, de que esta Cuarta Temporada readaptada a película costó $ 165 millones.
Por decir que mínimo necesitaría $ 350 millones de dólares para cubrir sus
gastos. Tomando por ejemplo los $ 250 millones que costó la Segunda Temporada
de Andor, la cual no cuenta con vías alternativas para generar gastos como
cualquier serie, sea lo que sea que recaude Mando-Grogu es de por sí un bonus y
sin olvidarnos de la masiva mercancía que ha vendido Grogu desde el 2020.
En efecto, es lamentable su
injusta y tremenda comparación con la Saga Skywalker, pero no me sorprende, la
toxicidad siempre ha estado presente incluso antes de las precuelas, por más
que se reprima el recuerdo de los ewoks. Ciertamente, me entristece que la
estén acorralando, denigrando y haciéndola sentir menos ante las recientes
producciones independientes de horror. Aun así, se defiende y seguramente
conseguirá la gloria una vez que llegue a la plataforma de Disney Plus.
Después de haberla visto una
segunda vez, me doy cuenta de que no estará a la altura de mis episodios favoritos,
pero de que tiene corazón, lo tiene y con eso me es suficiente para disfrutarla
de las veces que quiera hacerla, aunque deba esperarme a la plataforma de
streaming ya que con dos es más que suficiente. Mi apuesta va para Starfighter,
pero esa ya es otra historia para después, por el momento me enfocaré en hacer
mi humilde análisis de lo que me pareció esta nueva aventura.
Jon Favreau hizo un buen trabajo
como director, por más cómodo que se haya visto con la estructuración de los
sucesos en el guion al priorizar el desarrollo de los protagonistas, en
especial Grogu, a quien le deje a solas por casi 15 minutos. Aquí su riesgo fue
haber llevado esta adaptación a la gran pantalla y apostar por el formato IMAX
cuando la tenía todas de perder, por esa razón es un triunfo para los
seguidores como yo, el poder disfrutarla a todo volumen en su máxima capacidad
visual porque fue asombrosamente emocionante y lo bastante nostálgica la
secuencia de los X-Wings.
Habiendo crecido con las
películas de Alien, confieso haber sentido el entusiasmo de presenciar a
Sigourney Weaver con el uniforme de piloto de la alianza rebelde. Cada escena
por más limitada de tiempo dejó su huella al igual que con Jeremy Allen White como
Rotta el Hutt. Un personaje que odié en la película animada y que aquí se
redime con un arco no sólo histórico sino visual tras verlo combatir en una
arena que resultó una secuencia que no pasa desapercibido por el estándar de
calidad que le acompaña.
Se espera lo que se tiene que
esperar de Pedro Pascal y de sus dobles quienes en hora buena reciben su merecido
crédito. Desde su reintroducción hasta sobrevivir a los calabozos de Nal Hutta,
verlo a solas como acompañado es un manjar que esparce diversión y entusiasmo. Confieso
que me causó gracia la voz de Martin Scorsese como Hugo Durant y no se diga de
los anzellans, esas adorables criaturas que seguro están en boca de todos.
Entre los villanos, el único en
sobresalir fue Embo, que a cualquier seguidor de Clone Wars habrá vuelto loco,
los gemelos estuvieron dos tres y a decir verdad, me gustó el antagonismo de
los señores del crimen. Nunca está de más tener batallas con las tropas
imperiales, y más en manos de Zeb cuya voz de Steve Blum es una grata
bienvenida por considerarlo un elemento importante de la serie Rebels.
La cinematografía en la que se
desenvuelve el elenco luce en cada escenario y no se diga la banda sonora de Ludwig
Goransson, que no he parado de escuchar a diario por sentirse de otro mundo.
Mucha personalidad en sus melodías tanto oscuras como de luz y la forma de
tomar las notas esenciales de las temporadas pasadas, incluyendo El Libro de
Boba Fett, aportan sentimentalismo y familiaridad. Por decir que endulzan el
humor y consiguen conectarte con los obstáculos en los que se ven envuelto
tanto Djarin y Grogu.
Quizás los cameos de ciertos
directores como Filoni no fueron de mi agrado por distraerme, pero el hecho de
correr el riesgo con darles tiempo a Zebb y Rotta, se los paso. Y es que la
gran sorpresa para mí fue Rotta. Honestamente, no esperaba que este personaje
fuese tan integral a la historia. Al igual que Ahsoka, la sensibilidad
percibida hizo que no sólo lo respetara sino lo apreciara y más al lado de
Grogu. Aparte de que termina por darle
otro giro a los Hutts. Uno que los encontraba desagradables desde El Retorno
del Jedi y ahora nos damos cuenta de que son capaces de dar batalla como
cualquiera si se está en forma, obviamente.
En conclusión, sí ameritaba la
transición a la pantalla grande por más sencillo que haya sido este relato. Lo
importante es que cumple con su objetivo de hacernos pasar un rato agradable en
las salas de cines y como seguramente lo hara para el resto que decidió
esperarla en Disney Plus y están en su derecho, porque la saturación de series
en los años pasados y la ausencia de material nuevo como el exceso de confianza
en los youtubers, fue lo que le ha cobrado factura.
Ahora, todo es una lección que
por nada pone en riesgo el futuro, Star Wars es mucho más que una película o
serie, tiene otros medios para generar ganancias y defenderse de buenas o malas
decisiones. La buena noticia aquí, es que el contenido está por recibir una
atención especializada en torno a ofrecernos algo nuevo como se ha estado
viendo en cartelera hoy en día gracias a los éxitos inesperados de Michael,
Obsesión y Backrooms. Más que bueno, es necesario y tengo el presentimiento que
Starfighter es el camino que ayudará a Star Wars a regresar al juego.
Entretanto, tendremos que conformarnos con El Mandaloriano & Grogu, porque al igual que la serie animada Maul: Shadow Lord, merece tener su tiempo para disfrutarse mientras el futuro de Mandoverse se redefine con la Segunda Temporada de Ahsoka a principios del siguiente año. Estará lejos de hacer historia, mas ese nunca fue el punto para esta humilde aventura sobre un padre y su hijo que conforme pasan los años, no podemos quitar la vista de encima y creo que nunca lo haremos.

