lunes, 1 de junio de 2026

Análisis de The Mandalorian & Grogu.

7 años tuvieron que pasar y la espera valió la pena, aunque el tiempo no parezca haber sido el adecuado porque Star Wars sigue sin recibir cálidas bienvenidas y ni siquiera tras respaldarse en los influencers, lo cual sigo insistiendo en que los estudios deberían invertir más en sus producciones, en darles rienda suelta a los directores y dejar que su trabajo artístico hable por sí solo. Difícil de creer, pero no necesitamos de intermediarios para persuadirnos

Como lo han mencionado en el pasado, Ryan Gosling, Steven Spielberg, George Lucas y Ridley Scott sobre la importancia de arriesgarse como lo hacían en los ochenta para atraer al público a los cines en víspera de que después de la pandemia, son pocas las producciones que logran apenas rozarle a la Taquilla. Ahora, la propuesta que nos ofrece Jon Favreau y Dave Filoni con El Mandaloriano & Grogu, no será perfecta ni la adecuada, pero por donde quieran verlo, es un triunfo para los seguidores que hemos estado viendo a este dúo desde su debut a finales de 2019.

En vez de tener que esperar semana tras semana para completarse una temporada en 8 episodios, tuvimos por así decirlo la Cuarta Temporada en un bloque de 132 minutos, sin relleno y lo mejor de todo filmada en IMAX e incluso 3D. Es lo que me causa cierta risa, en donde no sólo son los fans tóxicos sino ahora la prensa resulta igual de tóxica al calificar una película con la trilogía secuela cuando el panorama es muy distinto de la realidad.  

Más que una fiebre, Star Wars es mi pasión y un gusto de por vida que me dejó marcado desde que vi las ediciones especiales en 1997. Entonces, era de esperarse que la promesa de una aventura entre un padre y su hijo desenvuelta en narrativa de menor escala, inafectable para el universo galáctico como en las tres trilogías pasadas, iba a resultar en una taquilla ligeramente similar a Solo.  

Siendo la gran diferencia, mucho ojo, de que esta Cuarta Temporada readaptada a película costó $ 165 millones. Por decir que mínimo necesitaría $ 350 millones de dólares para cubrir sus gastos. Tomando por ejemplo los $ 250 millones que costó la Segunda Temporada de Andor, la cual no cuenta con vías alternativas para generar gastos como cualquier serie, sea lo que sea que recaude Mando-Grogu es de por sí un bonus y sin olvidarnos de la masiva mercancía que ha vendido Grogu desde el 2020.

En efecto, es lamentable su injusta y tremenda comparación con la Saga Skywalker, pero no me sorprende, la toxicidad siempre ha estado presente incluso antes de las precuelas, por más que se reprima el recuerdo de los ewoks. Ciertamente, me entristece que la estén acorralando, denigrando y haciéndola sentir menos ante las recientes producciones independientes de horror. Aun así, se defiende y seguramente conseguirá la gloria una vez que llegue a la plataforma de Disney Plus.

Después de haberla visto una segunda vez, me doy cuenta de que no estará a la altura de mis episodios favoritos, pero de que tiene corazón, lo tiene y con eso me es suficiente para disfrutarla de las veces que quiera hacerla, aunque deba esperarme a la plataforma de streaming ya que con dos es más que suficiente. Mi apuesta va para Starfighter, pero esa ya es otra historia para después, por el momento me enfocaré en hacer mi humilde análisis de lo que me pareció esta nueva aventura.

Jon Favreau hizo un buen trabajo como director, por más cómodo que se haya visto con la estructuración de los sucesos en el guion al priorizar el desarrollo de los protagonistas, en especial Grogu, a quien le deje a solas por casi 15 minutos. Aquí su riesgo fue haber llevado esta adaptación a la gran pantalla y apostar por el formato IMAX cuando la tenía todas de perder, por esa razón es un triunfo para los seguidores como yo, el poder disfrutarla a todo volumen en su máxima capacidad visual porque fue asombrosamente emocionante y lo bastante nostálgica la secuencia de los X-Wings. 

Habiendo crecido con las películas de Alien, confieso haber sentido el entusiasmo de presenciar a Sigourney Weaver con el uniforme de piloto de la alianza rebelde. Cada escena por más limitada de tiempo dejó su huella al igual que con Jeremy Allen White como Rotta el Hutt. Un personaje que odié en la película animada y que aquí se redime con un arco no sólo histórico sino visual tras verlo combatir en una arena que resultó una secuencia que no pasa desapercibido por el estándar de calidad que le acompaña.

Se espera lo que se tiene que esperar de Pedro Pascal y de sus dobles quienes en hora buena reciben su merecido crédito. Desde su reintroducción hasta sobrevivir a los calabozos de Nal Hutta, verlo a solas como acompañado es un manjar que esparce diversión y entusiasmo. Confieso que me causó gracia la voz de Martin Scorsese como Hugo Durant y no se diga de los anzellans, esas adorables criaturas que seguro están en boca de todos.

Entre los villanos, el único en sobresalir fue Embo, que a cualquier seguidor de Clone Wars habrá vuelto loco, los gemelos estuvieron dos tres y a decir verdad, me gustó el antagonismo de los señores del crimen. Nunca está de más tener batallas con las tropas imperiales, y más en manos de Zeb cuya voz de Steve Blum es una grata bienvenida por considerarlo un elemento importante de la serie Rebels.

La cinematografía en la que se desenvuelve el elenco luce en cada escenario y no se diga la banda sonora de Ludwig Goransson, que no he parado de escuchar a diario por sentirse de otro mundo. Mucha personalidad en sus melodías tanto oscuras como de luz y la forma de tomar las notas esenciales de las temporadas pasadas, incluyendo El Libro de Boba Fett, aportan sentimentalismo y familiaridad. Por decir que endulzan el humor y consiguen conectarte con los obstáculos en los que se ven envuelto tanto Djarin y Grogu.  

Quizás los cameos de ciertos directores como Filoni no fueron de mi agrado por distraerme, pero el hecho de correr el riesgo con darles tiempo a Zebb y Rotta, se los paso. Y es que la gran sorpresa para mí fue Rotta. Honestamente, no esperaba que este personaje fuese tan integral a la historia. Al igual que Ahsoka, la sensibilidad percibida hizo que no sólo lo respetara sino lo apreciara y más al lado de Grogu.  Aparte de que termina por darle otro giro a los Hutts. Uno que los encontraba desagradables desde El Retorno del Jedi y ahora nos damos cuenta de que son capaces de dar batalla como cualquiera si se está en forma, obviamente.

En conclusión, sí ameritaba la transición a la pantalla grande por más sencillo que haya sido este relato. Lo importante es que cumple con su objetivo de hacernos pasar un rato agradable en las salas de cines y como seguramente lo hara para el resto que decidió esperarla en Disney Plus y están en su derecho, porque la saturación de series en los años pasados y la ausencia de material nuevo como el exceso de confianza en los youtubers, fue lo que le ha cobrado factura.

Ahora, todo es una lección que por nada pone en riesgo el futuro, Star Wars es mucho más que una película o serie, tiene otros medios para generar ganancias y defenderse de buenas o malas decisiones. La buena noticia aquí, es que el contenido está por recibir una atención especializada en torno a ofrecernos algo nuevo como se ha estado viendo en cartelera hoy en día gracias a los éxitos inesperados de Michael, Obsesión y Backrooms. Más que bueno, es necesario y tengo el presentimiento que Starfighter es el camino que ayudará a Star Wars a regresar al juego.

Entretanto, tendremos que conformarnos con El Mandaloriano & Grogu, porque al igual que la serie animada Maul: Shadow Lord, merece tener su tiempo para disfrutarse mientras el futuro de Mandoverse se redefine con la Segunda Temporada de Ahsoka a principios del siguiente año. Estará lejos de hacer historia, mas ese nunca fue el punto para esta humilde aventura sobre un padre y su hijo que conforme pasan los años, no podemos quitar la vista de encima y creo que nunca lo haremos.  

Hablemos de Jack Ryan: Ghost War

\

Después de su retiro al final de la Cuarta Temporada, Jack Ryan regresa con una nueva misión pero esta vez en formade película y he aquí mi humilde análisis.