Tal vez la anticipada y retorno a
la narrativa de los extraterrestres de Steven Spielberg en El Día de la
Revelación (Disclosure Day) no resultó en esa gran revelación que uno
esperaba, al sentirse más como Encuentros del Tercer Tipo de nuestra época y no
necesariamente tiene que ser tan malo. Al final, es una historia con un mensaje
indirecto pese a la oportunidad de entregarnos un discurso, un discurso del
cual inferimos tiene que ver con la falta de apatía que parece estar a la moda
si nos ponemos a pensar en lo fácil que se ha vuelto mirar hacía otro lado y
simplemente normalizar ciertas tragedias o injusticias.
Mientras uno esté bien consigo
mismo, lo demás qué importa. Una ideología egoísta que se ha vuelto parte
fundamental de la humanidad y ante la ausencia del temor a Dios, quiero suponer
qué de eso va la dirección de Steven, en hacernos ver desde los ojos de un
alienígena el peligro que corremos si no escuchamos a las personas elegidas o
correctas. Entonces, es cuestión de bajar las expectativas y aceptar El Día de
la Revelación por lo que es, un pedazo de entretenimiento cuyo objetivo radica
en sacarnos de nuestra zona de conforte al ponernos seriamente a pensar.
Es bueno que nos muevan el tapete,
y mejor aún con la tremenda calidad en los encuadres y persecuciones. Quizás se
sienta repetitiva y limitada en su estilo, pero eso sí, Emily Blunt se roba el
espectáculo con una actuación de nominación y tanto Josh O’Connor como Colin
Firth cumplen con ser unos tremendos suportes. Ayuda también contar con la
sazón musical de John Williams, porque de lo contrario, tal vez los de por sí
extensos 145 minutos se hubiesen sentido cansados.
Repito de nuevo, no la considero mala
pero tampoco la veo formidable, sólo conformista y limitada al no haber querido
correr el riesgo de ir más allá del infinito con su de por sí fascinante
narrativa. Lamento decirlo, a Steven lo he visto algo flojo en sus últimas películas,
eso sí para descuida en lo absoluto la calidad cuando se trata de aspectos
técnicos, visuales y de actuación, es sólo que esa chispa que lo caracterizaba
todavía en los 2000s se siente olvidada.
Por fortuna, no podría decir lo
mismo por más quisiera de Toy Story 5, confieso que no fui amante de la
cuarta y cómo podría tras haberse cerrado una etapa con la tercera en el 2010.
Eran tan sólo un niño cuando vi la primera en 1995 por lo que es inevitable no
sentir la nostalgia al recordar lo bueno de mi niñez, lo cual agradezco a Pixar
porque son de las pocas cosas bonitas que me ayudan a mantener ese niño en mi
interior por mucho que trato de encerrarlo en lo más profundo de mi
subconsciente.
Esta vez pasaron 7 años y la
narrativa de los juguetes enfrentándose a la tecnología es fundamental y
necesaria hoy más que nunca. Justo venía hablando con una compañera de lo
absurdo que me parecía que niñitos tuviesen los mejores modelos de celular que
un adulto. Y de lo peligroso que es dejarles una tableta todo el día para que
se entretengan. Obvio que, por no ser padre, eso me da “derecho” de opinar al
respecto, pero entiendo, la vida de un padre o una madre no es para nada fácil
y no debería de serlo, porque es importante estar lo más presente que se pueda
ante los riesgos que radican al acecho y Toy Story 5 hace precisa conciencia de
ello mediante los padres de Bonnie.
A pesar de haber manejado el
bullying de forma light, se agradece de la simplicidad y profundidad en que se
escenifica, por nada esta quinta entrega se diferencia del resto al ser
clasificada PG por la importancia de contar con la guía de los padres. A diferencia
de El Día de la Revelación, aquí si tuvimos un discurso y uno poderoso por la
forma en que coloca a la tableta no como absoluta villana sino como una
herramienta que comparte el mismo objetivo de los juguetes, lo cual es entretener
y desarrollar nuestra creatividad y habilidades, no suplantar o limitar. Es
entendible que en algunos padres les abra los ojos a una peligrosa realidad y
posible futuro de sus hijos sí deciden dejarlos a la suerte de la tecnología,
ya que una vez controlados por la red, a duras penas escucharan a las voces de
la razón.
Sí que extraño esos días en donde
uno miraba a los niños jugar o usar su imaginación para hacer toda clase de
fantasías desde adentro hasta fuera de la casa. Quiero creer que todavía los
muy pequeños suelen hacerlo, aunque ya se empieza a notar su acelerado
crecimiento e impacto al verlos tal como se pronosticó en Wall-E, pegados en
las pantallas incluyendo los adultos. Insisto en que es una película familiar
esencial y necesaria de ver hoy en día, aunque siga estando un poco lejos de las
obras maestras que resultaron las primeras tres.
Me encantó que el protagonismo
cayera en Jessie, la vaquera sheriff que inmediatamente se torna en el corazón
con su fiel caballito. A través de ella conectamos con la tecnología de una
forma satisfactoriamente complementaria. A parte de conectar con la segunda
parte, los temores de Jessie nos enseñan a enfrentarnos a esos traumas del
pasado con una actitud madura y mente abierta para aceptar que por más duros
que sean los cambios, siempre hay una forma de complementarse para nuestro
bien.
Joan Cusack es fabulosa y merece
este protagonismo mientras que siempre es grato contar con la reunión estelar
de Tom Hanks y Tim Allen como Buzz y Woody. Desde verlos pelear entre ellos, sí
que algunas cosas nunca cambian y me da gusto que su comicidad no sea tonta
sino ingeniosa, en especial la redención de Buzz mediante el ejército de Buzzes
tecnológicamente avanzados. Similar a Minions, Allen vuelve a robarnos risas
como lo hizo en la tercera, aunque mis respetos para Conan O’Brien que como
Smarty Pants, cada frase es oro puro.
Obvio que nunca puede faltar la
parodia de Star Wars con el cameo de Zurg y la revelación de que es el padre de
Buzz. Keanu Reeves, Jay Hernandes, Bad Bunny son otras voces que contribuyen al
de por sí característico elenco y quizás no haya podido apreciar a Greta Lee y
es que cuesta por lo bien que se desenvuelve como Lilypad, que en una de esas
es una total perra, dicho con respeto.
Lo que aplaudo de Toy Story 5 es
que hayan mantenido la familiaridad en su animación, que hayan optado por una
historia centrada en una realidad referida como la supuesta decadencia de los
juguetes que esperemos y la nostalgia ayudé a frenarla y podría ser el caso
tras su monstruoso debut en la taquilla global. En conclusión, es
entretenimiento y del bueno. Por ahí se dice que una sexta podría suceder, ya
dependerá del estudio si decide correr el riesgo, entretanto, si puedes y quieres,
ve a verla y disfrútala.
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