domingo, 14 de abril de 2019

Merlí T3-C13


Penúltimo episodio que por mi hubiese sido genial si allí quedara, no por quejarme sino porque es difícil desprenderse de una gran serie. En fin, como era de esperarse, fue un campamento genial porque todos sin excepción pudieron disfrutar de los últimos días que les quedaba, esa sensación de que nunca quisieran que terminara. 

En parte lo entiendo y vaya aventura que ha sido volver a aventarme estas tres temporadas. Además de conocer más de la filosofía, he aprendido mucho de cada uno de los personajes y sobretodo de Merlí porque se comprende de las relaciones, en todas las categorías y a cuestionarse como decir las cosas de forma libre y sin ofender. Una serie que tocó temáticas fuertes, ligeramente controversiales que tenían que tocarse.

Salir del instituto para irnos al campamento fue un merecido cambio de aire y especie de pre-final para verlos a todos convivir, divertirse, bailar y culminar sus historias personales. Quizás la situación entre Bruno, Pol y Tania sea incomoda pero fue manejada con respeto, gracias que había tanta historia entre los tres que debía desenvolverse hasta este punto y listo. Es algo complejo y los actores como productores supieron llevarlo a cabo. Más vale tarde que nunca, pero vaya química que mostraron Gabriel y Quima, verlos interactuar entre los dos fue divertido como el esperado encuentro entre Mónica y Gerard, por fin haciendo algo.

Marc tocó la carta de la nostalgia y se entiende que haya sido con Tania, porque sirve de antecedente y era lo más lógico para el futuro porque el arriesgarse a explorar trae consecuencias y más cuando se está en plena adolescencia con un cierre escolar. El momento entre Bruno y su padre fue épico, siempre recordado porque existe algo definido que con las pocas palabras que se intercambiaron fueron las necesarias. Oh y ese repaso de filosofía mediante el uso de la gambas en esa deliciosa paella, ha sido el mejor repaso que pudo haber tenido esta serie de 40 capítulos. Mis respetos ver como se unificó todo.

Siempre hay una primera vez y la serie hizo un gran trabajo en darles un momento exclusivo a Gerard e Iván, quienes resultaron tener cosas en común. Es un gusto ver a Joan tranquilo y en el mismo tono maduro de Oksana. Un cambio mostrado si nos regresamos al inicio de esta tercera temporada. Esa fiesta de espuma, el baile country, la corretiza y Merlí en el centro, comparto la misma nostalgia de que no querer que se acabara este capítulo. Que fuerte, no creí que volviese a sentirlo pero lo sigue valiendo cada minuto.

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