viernes, 16 de diciembre de 2016

Crítica de Rogue One: A Star Wars Story


Asombrosamente dolorosa es la forma en que describiría esta primera producción “independiente” de la Saga de Star Wars que a su vez funciona como una forma de reintroducirnos a esta ya familiar mitología viendo como culmina precisamente en el comienzo de original de 1977.

Por primera vez no contamos con la introducción contextual ni de la música que solía acompañarlo. La escena se va directamente al pasado en donde vemos a una niña Jyn Erso presenciando una terrible tragedia en su familia de lo cual pone su vida en constante fuga hasta ser detenida por la Rebelión debido a la conexión con su padre. 

Honestamente, se siente raro contar con ese par de secuencias del pasado y los títulos de los planetas a donde nuestros héroes se dirigen. Es raro e innovador y por ende, se aprecia el gran riesgo que tomaron los productores por darle otro significado porque Rogue One acaba de justificarnos su implementación por lo inexplorado.

En cuestiones de cinematografía, nos sentimos familiarizados al instante con el fondo visual de la trilogía clásica aunque algunos efectos añadidos le brindan cierta expansión y creatividad a la precuelas. Realmente el director Gareth Edwards conoce su material hasta el punto de regresarnos ese grandioso sentimiento de cuando vimos por primera vez el Episodio IV.

Si eres un novato, Rogue One es perfecto para ti porque no necesitas de ningún antecedente para disfrutarlo, aunque el riesgo aquí es que te emocionarás tanto por su intrigante narrativa y espectacular acción que inmediatamente tendrás que sumergirte a las siguientes como seguramente muchos lo harán por la forma en que se concluye el sugestivo tercer acto.

Dicho esto, la clave yace en el guión de Chris Weitz y Tony Gilroy quienes excedieron las expectativas en su desarrollo de personajes, circunstancias, referencias, política y humor. De todos los episodios, esta sobresale por ser impredecible en su elemento de sobrevivencia militarizada porque ninguno está a salvo de la muerte.

En definitiva es una producción de guerra y Edwards se cercioró de mantenerla así en sus dos horas. Tanto tropas imperiales como rebeldes se lucen en lo que podríamos referirnos como un exquisito montaje de batallas, en especial la de la playa y sin olvidarnos de la espacial. Cualquiera es vulnerable, se siente en la atmosfera y en su consecuencia, terminas sufriendo.  

El Imperio y la Alianza Rebelde comparten la tensión desencadenada por la ambición, incomprensión y extremismo de ciertos de sus miembros. Como era de esperarse, la involucración de Darth Vader se reduce a dos secuencias de las cuales son efectivas y suficientes para hacernos brincar de nuestro asiento por su brillante sugestión ante el horror desatado.

La sorpresa aquí sería Guy Henry ya que mediante una alteración en su rostro, la similitud con Tarkin es fascinante y fiel a lo que hemos estado acostumbrado. Su interacción con Ben Mendelsohn alias Krennic es enganchador, tomando a consideración la novela Catalyst, la rivalidad sin duda brinda frutos y retroalimentación a la situación política e interna del Imperio.

En el papel de Jyn Erso, Felicity Jones es el corazón de esta nueva aventura y sin duda es una personalidad que mucho no olvidaremos con tanta facilidad. Careciendo de un respaldo, es impresionante ver su grado de complejidad alcanzada y ni se diga de su grandiosa química con Diego Luna cuyo carisma como seriedad lo conforman como un autentico héroe de acción.

Me hes grato finalmente contar con un mexicano en un rol principal donde no esté malamete estereotipado. Dentro del universo de Star Wars, no existen fronteras, cualquiera puede entrar y brillar y afortunadamente fue el caso de Diego Luna donde es de esperarse en un futuro no distante, contar con producciones del mismo calibre que su calidad actoral.

Tampoco nos podemos olvidar de Donnie Yen y Jiang Wen por la inusual forma en que interactúan entre sí y por supuesto, sus artes marciales como tácticas de disparo. Riz Ahmed es una clave importante como el desertor mientras que Forest Whitaker como Saw le añade un sabor extremista a lo que creíamos ser algo 100% noble.

Obvio que no sería una entrega de Star Wars sin la presencia de un androide y sinceramente en la tradición de BB-8, me encontré fascinado con la actitud sarcástica de Alan Tudyk. K-2SO está por convertirse en un favorito y con toda razón. Sus diálogos, comportamiento y caracterización impactan a la misma altura del resto que es imposible no apreciarlo.


En conclusión, Lucasfilm se sacó la lotería gracias a este diverso elenco de actores, guionistas, técnicos, productores, diseñadores, editores, etc. Todos salimos ganando y eso es lo que verdaderamente importa. Esperemos y no sea la última producción de Edwards porque su acercamiento de guerra deja una profunda marca de la cual será comentado para siempre.