viernes, 29 de agosto de 2025

Hablemos de Amores Materialistas y de El Mapa Que Me Lleva a Ti

 Confieso que después de haber visto Vidas Pasadas, aun así Amores Materialistas (Materials) terminó por sorprenderme al no ser la típica comedia romántica de Hollywood sino por presentarnos algo tan acorde a nuestros tiempos sobre relaciones, las citas por apps, el concepto del amor y todo lo relacionado a la industria de las bodas.

Más que acorde, conscientemente compleja por decir que desde el primer minuto es inevitable que no te pongas a pensar ante el bombardeo constante de las expectativas y estereotipos que los clientes le hacen saber a la casamentera Lucy para que ella misma se encargue de “cumplir” para lograr que consigan a su pareja ideal, o en el mejor de los casos, a ese compañero con el que juntos se ayudarán a cambiarse los pañales y que terminaron por enterrarse.

Confieso que la forma en que nos introducen a este relato es tan inusual que por unos segundos creí que me había equivocado de película. Mis respetos para la directora y guionista Celine Song, nunca hubiese pensado en cómo los seres primitivos solían unirse en matrimonio en esos tiempos en que tanto leyes como tecnología eran inexistentes.

Como cristiano, es entendible el por qué nunca se me hubiese ocurrido hacerme esa pregunta, aún así, todo parece indicar que el materialismo se ha vuelto parte fundamental al momento de ponernos a buscar pareja. Suena bastante complicado y tóxico por estar juzgando a las personas por su peso, edad, estatura, voz, cuerpo, físico, riqueza o pobreza. Es agotador de sólo pensar tanto el que cuenta con las ventajas como el que está en desventaja. Será necesario cumplir con tales “requisitos” que la sociedad nos impone y que nosotros mismos ejercemos aunque nos cueste nuestra felicidad,

Este argumento engloba todas las razones por existir sobre las relaciones y el matrimonio. Incluso se atreve a darnos un par de respuestas, obvio que no sin antes hacernos pensar con profundidad. Por decir que casi casi nos enfrenta a lo absurdos e ilógicos que solemos ser al engrandecer nuestras expectativas, tan así que no sólo nos contradecimos sino hasta nos proyectamos sin hacernos responsables de lo que pedimos a cambio de nada.

Honestamente, no es una historia para nada fácil de desmenuzar porque podría estar equivocado al darme cuenta de lo vulnerables que solemos ser al momento de buscar pareja y peor aún en las citas por apps en donde confieso que le he perdido la fe por sólo traerme frustraciones.

Es como si fuese un fantasma en donde no tengo la menor idea de qué poner o qué decir al ver que la verdad sólo me perjudica al nada más no dar el gancho con esos famosos “requisitos”. Me temo que estoy demasiado lejos de ser un unicornio pero al menos el sentirme identificado con John Finch, personaje interpretado por Chris Evans, me brinda esperanza de algún día poder amar y ser amado con lo poco que tengo para ofrecer.

Lo que son Dakota Johnson y Chris, comparten dos o tres escenas con tanta honestidad que es imposible no sentirse conmovido por lo tan real que se siente ese conflicto interno con el que cargan sus personajes de Lucy y John. A primera instancia son el uno para el otro pero son sus inseguridades y expectativas la que tuercen esa relación hasta el grado de quebrarla y dejarlos marcados al no poder superarse uno del otro, y cómo podrían cuando ambos son perfectos imperfectos. Y es que juntos mantienen un equilibrio que resulta enriquecedor de ver y de escuchar ante sus ingeniosos diálogos.

Lo sé, a estas alturas me encuentro enfadado con Pedro Pascal, lo veo por todas partes y pese a ello, interpretar a Harry Castillo ha sido su mejor decisión al igual que Chris porque el salirse de su zona de confort para lucir ese lado sensible los ayuda a identificarnos con ellos y a meternos dentro de su psicología para entenderlos y entendernos a nosotros mismos por su forma de actuar y razonar ante los distintos escenarios en los que se ven envueltos.

Dakota y Pedro no me convencían como pareja al principio, y ese es el punto, de mostrarnos que la estabilidad o el conformismo no garantizan un matrimonio feliz. Tampoco el dinero porque es bien cierto que la felicidad no se puede comprar. Difícil de creer, pero tiene que haber discusiones, intercambios de duras verdades y sobre todo tomar el gran riesgo de salir a citas en víspera de todo lo malo que nos acecha porque al final, todos somos personas y las personas somos como somos. Impredecible, crueles y egoístas, lo llevamos en la sangre por más controlados que estemos. Depende de encontrar nuestro balance o elegir dentro de nosotros si queremos ser luz u oscuridad.

En efecto, compartimos el miedo de quedarnos solos, de morir solos, de no tener la capacidad de amar, experimentamos el miedo a la pobreza, a fracasar pero también compartimos la esperanza, la lucha, la valentía, la honestidad. A través de estas cualidades, podemos despojarnos de las expectativas porque es sólo así cuando podemos amar y amarnos con tanta libertad.

La clave de ello radica en ser uno mismo, sin filtros de por medio y sin esperar nada a cambio. Al menos que sea algo que no tenga costo en el sentido materialista sino de la forma más humanamente posible como la oferta final que le propone John y que Lucy acepta tras revelarle sus peores miedos en una escena que me destroza por completo, y es así como la larga construcción brindó esos deliciosos y jugosos frutos en el tercer acto.

Sí que estoy fascinado con todo lo que Celine Song nos ofreció en esta travesía dramática, que brilla por lo calculadora, intelectual y frívola que llega a percibirse en su dirección a pesar de una casual cinematografía.

Uno creería que entre tanto diálogo y desarrollo circunstancial pausado, uno terminaría aburrido más gracias al buen ritmo proyectado en su edición, la música dinámica y las orgánicas actuaciones del elenco, nos hacen pasar no sólo un buen rato sino nos obsequian un bello análisis de lo que debería ser la búsqueda por una pareja adecuada, o mejor dicho, la transacción ideal de mutuo beneficio.

Ya que si quieres una aventura romántica un poco más sencilla y agradable, y subrayo poco porque viniendo del director Lasse Hallström, uno ya sabe qué esperar tras ver Hashiko, Safe Heaven, Querido John, entre otros. Así que también podrías derramar un par de lágrimas con El Mapa Que Me Lleva a Ti (The Map That Leads to You). Que puedo decir, soy un bebé llorón cuando se tratan de corazones rotos o despedidas dolorosas.

Desconozco que tan fiel sea a la novela de J.P. Monninger, y al igual que Mi Año En Oxford, la crítica especializada ha sido dura y puedo entenderlo por la falta de una dirección por así decirlo, y es que la primera hora se siente como un documental por la libertad en la que se desenvuelve en donde se nos introduce a Heather y sus amigas haciendo un viaje por Europa antes de regresar a su casa a iniciar su vida laboral.

Por obra del destino, Heather conoce a Jack y decide acompañarle en su travesía por seguir los pasos de su bisabuelo mediante su diario, por lo que juntos visitan esos hermosos lugares hasta que un secreto oscuro pone en riesgo este romance. Esto a su vez nos da mucho de qué pensar con respecto a la libertad que solemos sacrificar por “conformismo”, “seguridad” y “en cumplimiento de las expectativas tanto nuestras como de nuestros padres”.

Sí, podría ser de esas películas que nos retan a cuestionarnos sobre nuestra vida y lo que verdaderamente queremos, lo que dejamos ir y a lo que nos aferramos. Al menos eso es lo que capté en la última media hora. Aunque no lo parezca, existe una gran evolución en nuestros protagonistas a pesar de sentirse com un drama juvenil cualquiera en su primera media hora. Eso sí, las locaciones fueron las mejores seleccionados.

Otro acierto es su ritmo porque nunca llega a sentirse cansada, aún más importante, son Madelyn Cline y KJ Apa quienes en sus respectivos papeles de Heather y Jack nos mantienen enganchados a cada rato por lo carismáticos que suelen ser al ejecutar sus diálogos. No tendrán la madurez de Chris y Dakota al ejecutar sus enfrentamientos, ni tampoco el director se atreve a quebrarnos la cabeza como lo hizo Celine, pero algo que podría compartir es la necesidad de darnos una lección sobre la libertad en la que las relaciones deberían desenvolverse. Sin planes de por medio y sin expectativas o demandas a exigir o exigirnos, sino con la confianza por delante y siempre manteniendo la esperanza de llegar a amar a alguien.

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